La pregunta eterna del hombre, ¿Qué es el bien y qué es el mal? ¿Es la respuesta dictada por la sociedad, por los usos y costumbres o por el actuar general? Cuestionamientos raíces de la ética en su paso filosófico por el entender humano. Actualmente, considero que esa ética puede ser entendida como los valores aplicados a las acciones, que dependen del individuo que las ejerce en goce de su libre albedrío.
Sobre los juicios de valor, hemos de vislumbrar que son parte de nuestra cotidianeidad, toda vez que en ellos vamos decidiendo objetivos, y determinando nuestro actuar, conforme a la visión sobre la vida en general y las cosas en particular. Al respecto, queda muy claro que las respuestas a cada una de las interrogantes filosóficas encontrarán cobijo, como se indicó al inicio, conforme a aquellos usos y costumbres de la sociedad en la que nos desenvolvemos, las creencias y vivencias personales, siendo que el entorno es el que forma nuestro camino.
La validez del actuar se determina conforme a las reglas éticas traducidas a las normas, que son todas aquellas que el mismo estado establece como parámetros básicos o mínimos que un individuo debe mantener, para pertenecer a un grupo social. No obstante, esto no quiere decir que las leyes que dictan un conjunto de hombres comunes sean lo bueno o lo malo, sino por el contrario, podemos creer que son el reflejo de lo que la misma sociedad, constituida por individuos racionales, buscan en la interacción que se realiza entre sí, y no sólo como reglas de convivencia.
Queda claro que los principios jurídicos, tienden a proteger la libertad de expresión, siempre y cuando existan fundamentos para sostener cada argumento que se exhiba, lo cuál puede motivar a la ética en el ámbito profesional, en contra de la calumnia e injuria. Ahora bien, es un hecho, el sentir que existen opiniones divididas en cuanto a la racionalidad que se deriva de un juicio de valor, siendo que, en relación no sólo con la ética, sino también con la justicia, podemos afirmar la necesidad de desentrañar la intención de quien actúa, en mi forma de pensar, esta es la clave para conocer la ética implícita de un hecho, y dadas las circunstancias del requerimiento, sería en demasía complicado llegar al fondo de todo asunto, menos aún, cuando se encuentra revestido del poder público, que en su momento ejercen los actores que intervengan.
Es precisamente en este punto, donde podemos resaltar la pluralidad en la forma de ver cada una de las situaciones que se nos presentan en el supracitado actuar cotidiano, sin descartar el pensamiento o sentimientos que cada uno imprime a las diversas cuestiones, ya que en la diversidad radican las características que hacen a cada ser único e irrepetible, conviviendo en un entorno similar; en esto radica el punto de vista externo, al aplicar la de manera completamente subjetiva, por lo que sabremos que el margen de error puede ser grande, aunque este riesgo es necesario, no sólo en las decisiones personales, sino en las empresariales.
Finalmente, me gustaría resaltar que para conformar un juicio de valor sobre cualquier cuestión, es fundamental haber llevado una práctica en el mismo sentido, pero de manera personal, sin llegar al grado de confusión con la moralidad, siendo que si en lo fundamental no somos éticos, sería una aberración exacerbada, tratar de buscar la ética en el exterior del ser humano.
No sé si habrá coincidencia en la forma de pensar, pero estoy seguro que el debate enriquece la visión, más aún en temas de esta concepción, no por moda, sino por necesidad humana.
Sobre los juicios de valor, hemos de vislumbrar que son parte de nuestra cotidianeidad, toda vez que en ellos vamos decidiendo objetivos, y determinando nuestro actuar, conforme a la visión sobre la vida en general y las cosas en particular. Al respecto, queda muy claro que las respuestas a cada una de las interrogantes filosóficas encontrarán cobijo, como se indicó al inicio, conforme a aquellos usos y costumbres de la sociedad en la que nos desenvolvemos, las creencias y vivencias personales, siendo que el entorno es el que forma nuestro camino.
La validez del actuar se determina conforme a las reglas éticas traducidas a las normas, que son todas aquellas que el mismo estado establece como parámetros básicos o mínimos que un individuo debe mantener, para pertenecer a un grupo social. No obstante, esto no quiere decir que las leyes que dictan un conjunto de hombres comunes sean lo bueno o lo malo, sino por el contrario, podemos creer que son el reflejo de lo que la misma sociedad, constituida por individuos racionales, buscan en la interacción que se realiza entre sí, y no sólo como reglas de convivencia.
Queda claro que los principios jurídicos, tienden a proteger la libertad de expresión, siempre y cuando existan fundamentos para sostener cada argumento que se exhiba, lo cuál puede motivar a la ética en el ámbito profesional, en contra de la calumnia e injuria. Ahora bien, es un hecho, el sentir que existen opiniones divididas en cuanto a la racionalidad que se deriva de un juicio de valor, siendo que, en relación no sólo con la ética, sino también con la justicia, podemos afirmar la necesidad de desentrañar la intención de quien actúa, en mi forma de pensar, esta es la clave para conocer la ética implícita de un hecho, y dadas las circunstancias del requerimiento, sería en demasía complicado llegar al fondo de todo asunto, menos aún, cuando se encuentra revestido del poder público, que en su momento ejercen los actores que intervengan.
Es precisamente en este punto, donde podemos resaltar la pluralidad en la forma de ver cada una de las situaciones que se nos presentan en el supracitado actuar cotidiano, sin descartar el pensamiento o sentimientos que cada uno imprime a las diversas cuestiones, ya que en la diversidad radican las características que hacen a cada ser único e irrepetible, conviviendo en un entorno similar; en esto radica el punto de vista externo, al aplicar la de manera completamente subjetiva, por lo que sabremos que el margen de error puede ser grande, aunque este riesgo es necesario, no sólo en las decisiones personales, sino en las empresariales.
Finalmente, me gustaría resaltar que para conformar un juicio de valor sobre cualquier cuestión, es fundamental haber llevado una práctica en el mismo sentido, pero de manera personal, sin llegar al grado de confusión con la moralidad, siendo que si en lo fundamental no somos éticos, sería una aberración exacerbada, tratar de buscar la ética en el exterior del ser humano.
No sé si habrá coincidencia en la forma de pensar, pero estoy seguro que el debate enriquece la visión, más aún en temas de esta concepción, no por moda, sino por necesidad humana.
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