Cada tropiezo representa una caída, cada caída un golpe y cada golpe un resonar en el corazón, vitalidad de aquel que se proyecta más y más inerte ante los pasos del hombre en su transición a la madurez; tumba del silencio y del dolor en la inmensidad y profundidad de una eterna grieta que se expande.
Por aguantar calla la verdad y se hunde en la ignorancia de la condición humana sin comprender donde recae la influencia del poder, sin entender a dónde van las almas vendidas al interés, menos aún que los vestigios del compromiso con la lejana realidad como un terrible artilugio apócrifo, que yace olvidada en la ignominia.
Lo único que llega a concebir es que la opción precisa no es asentir, sino levantarse y provocar el desencuentro de lo lejano y el reencuentro frontal de la conquista, continuar en silencio con la misma decepcionante realidad que supera cualquier ficción, y lo menos ignorado es que ha perdido fuerza como consecuencia de la constante soledad que le acompaña desde el inicio de la razón y sin previsión de su final.
En consecuencia, aquel decide que lo único que resta es la temible certeza de que no parará, que en efecto se perfila a ubicarse en la línea más endeble entre el bien y el mal, aquella barrera que un suspiro vence.
No!!! Toma finalmente las armas, en la batalla triunfal mira al cielo y une las estrellas para guiar su camino con la luz de la inmensidad y el reflejo de la eternidad que a otros enmudece, pero su espontánea sencillez, a este corazón enaltece.
Carácter, pasión, lealtad y templanza, contra vergüenza, deslealtad y deshonra, aquel solitario corazón vencerá aunque jamás sepa donde su par hallará para victorioso regocijarse en el mar infinito de la felicidad, con la certeza de que cada tropiezo representa una oportunidad.
Por aguantar calla la verdad y se hunde en la ignorancia de la condición humana sin comprender donde recae la influencia del poder, sin entender a dónde van las almas vendidas al interés, menos aún que los vestigios del compromiso con la lejana realidad como un terrible artilugio apócrifo, que yace olvidada en la ignominia.
Lo único que llega a concebir es que la opción precisa no es asentir, sino levantarse y provocar el desencuentro de lo lejano y el reencuentro frontal de la conquista, continuar en silencio con la misma decepcionante realidad que supera cualquier ficción, y lo menos ignorado es que ha perdido fuerza como consecuencia de la constante soledad que le acompaña desde el inicio de la razón y sin previsión de su final.
En consecuencia, aquel decide que lo único que resta es la temible certeza de que no parará, que en efecto se perfila a ubicarse en la línea más endeble entre el bien y el mal, aquella barrera que un suspiro vence.
No!!! Toma finalmente las armas, en la batalla triunfal mira al cielo y une las estrellas para guiar su camino con la luz de la inmensidad y el reflejo de la eternidad que a otros enmudece, pero su espontánea sencillez, a este corazón enaltece.
Carácter, pasión, lealtad y templanza, contra vergüenza, deslealtad y deshonra, aquel solitario corazón vencerá aunque jamás sepa donde su par hallará para victorioso regocijarse en el mar infinito de la felicidad, con la certeza de que cada tropiezo representa una oportunidad.
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